«¿Cómo te sentirías si cada palabra que dijiste en la última reunión de directorio apareciera mañana en la primera plana del diario?»

El Norte Verdadero de un líder está compuesto por sus valores y principios, los cuales actúan como una brújula interna ante las tentaciones del mundo exterior. Los valores son personales y no pueden ser impuestos, pero deben traducirse en principios de liderazgo que guíen la acción diaria,. Sin límites éticos claros, es fácil caer en la racionalización de decisiones marginales bajo presión.

Una herramienta poderosa para evaluar la integridad es el «test del New York Times»: antes de actuar, un líder debe preguntarse si se sentiría cómodo si sus discusiones y decisiones se hicieran públicas.

El autoconocimiento es fundamental en este proceso, ya que permite regular las emociones y evitar arrebatos impulsivos cuando el líder se siente amenazado o rechazado. Aquellos ejecutivos que son transparentes y conocen sus debilidades tienden a generar una confianza mucho más profunda en sus organizaciones.

En un contexto regional marcado por la exigencia de mayor transparencia, la integridad ya no es opcional. El ejecutivo cuya ética es «de una sola pieza» —la misma en el directorio que en su vida privada— protege no solo su reputación, sino el valor a largo plazo de su compañía.