«En el complejo entorno actual, creer que un líder debe tener todas las respuestas es el primer paso para perder el rumbo.»
Históricamente, se ha glorificado la imagen del líder como un individuo excepcional que asciende por mérito propio; sin embargo, el liderazgo auténtico se trata de empoderar a otros. El paso más crítico en la evolución de un ejecutivo es la transformación del «Yo» al «Nosotros». Mientras que en las primeras etapas de la carrera el éxito se define por el desempeño individual, en la alta dirección el reto es inspirar y desarrollar a los demás para que alcancen su máximo potencial.

Los líderes que se comportan como «Solitarios» suelen evitar las relaciones cercanas y no escuchan a su entorno, lo que los vuelve vulnerables ante los puntos ciegos de su gestión. Por el contrario, los líderes auténticos entienden que su rol es reunir a las personas en torno a un propósito compartido para crear valor para todos los interesados (stakeholders). Esta capacidad de generar relaciones duraderas y redes de apoyo es lo que permite mantener la efectividad a largo plazo
En culturas corporativas tradicionalmente jerárquicas como las nuestras, el líder que se atreve a ser vulnerable y a servir a su equipo, en lugar de ser servido, rompe el molde. Esta apertura es clave para desatar la innovación en las empresas de la región.
